En geriatría existe un concepto clave: la fragilidad. Se trata de un estado de vulnerabilidad ante los estresores, fruto de una disminución de nuestra reserva fisiológica —esa "hucha" de la que tiramos para recuperarnos cuando algo nos sucede—. La fragilidad se relaciona con eventos adversos en salud: más hospitalizaciones, mortalidad y pérdida de nuestras funciones básicas. Si la abordamos a tiempo, puede ser reversible.
Un factor clave en el desarrollo de la fragilidad es la pérdida de masa muscular y de fuerza: es lo que llamamos sarcopenia.
Con ejercicio podemos revertir esto y obtener múltiples beneficios: mejora la masa muscular; generar músculo crea un estrés bueno sobre los huesos que les obliga a fortalecerse, mejorando la osteoporosis (siempre adaptado al grado de cada persona); mejora la calidad del sueño y reduce el estrés; mejora el bienestar emocional; y tiene un efecto antiinflamatorio que mejora la función inmune.
Los estudios muestran que algunas personas pueden beneficiarse de un aporte extra de proteínas, aunque tomar suplementos sin hacer ejercicio no ha demostrado beneficios: no existen suplementos "curalotodo" que mejoren la función o la musculatura por sí solos. También es fundamental identificar y reponer el déficit de vitamina D, porque protege tanto el hueso como el músculo.
Lo mejor es que existen programas de ejercicio gratuitos con apps que ayudan a seguirlos, como los disponibles en vivifrail.es. Si te interesa que hagamos una valoración integral, te espero en la consulta de Geriatría.