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Malnutrición en personas mayores: lo que la báscula no cuenta

30 sep 2026

Es una pregunta que escuchamos a menudo en la consulta, casi siempre con cierta extrañeza: ¿cómo es posible que esté malnutrido si estoy delgado?, o su reverso, ¿cómo voy a estar mal nutrido si me sobran kilos? La respuesta pasa por separar dos palabras que solemos usar como si fueran la misma: la malnutrición es el desequilibrio entre lo que el cuerpo necesita y lo que recibe, y puede producirse tanto por defecto como por exceso; mientras que la desnutrición es la cara del déficit, aquella en la que faltan energía y proteínas y se van perdiendo peso, músculo y reservas, casi siempre de la mano de una enfermedad. Por eso una persona delgada puede estar desnutrida y una persona con kilos de más, también (en la terminología de la sociedad europea de nutrición clínica, ESPEN, malnutrición y desnutrición se usan como sinónimos clínicos y el exceso de peso se denomina sobrenutrición, mientras que la sarcopenia y la fragilidad son entidades distintas, aunque con frecuencia la acompañan).

Primero se criba, después se diagnostica

La malnutrición no siempre se ve a simple vista, y mucho menos en el espejo: hay que buscarla activamente, motivo por el que ESPEN recomienda cribarla de forma rutinaria en todas las personas mayores. La herramienta más empleada es el MNA-SF, una versión corta del Mini Nutritional Assessment que consta de seis preguntas, se completa en pocos minutos y ofrece una puntuación de 0 a 14; cuando no es posible pesar a la persona, algo frecuente en quien está encamado o no puede mantenerse en pie, el índice de masa corporal se sustituye por el perímetro de la pantorrilla.

Cribado con MNA-SF · puntuación de 0 a 14
0–7
8–11
12–14
Malnutrición
Riesgo
Normal
Seis preguntas sobre ingesta, pérdida de peso, movilidad, enfermedad aguda o estrés, problemas neuropsicológicos e IMC (o perímetro de la pantorrilla si no se puede pesar).

Un cribado alterado no es todavía un diagnóstico: es la señal para mirar con más detalle. Para confirmarlo se utilizan los criterios GLIM, un consenso internacional que exige reunir al menos un criterio de cada una de dos columnas, uno fenotípico, lo que se ve en la persona, y uno etiológico, lo que lo está provocando; de este modo no basta con estar delgado ni basta con comer poco, sino que ambas caras tienen que coincidir.

Diagnóstico con criterios GLIM
Criterio fenotípicoLo que se ve
  • Pérdida de peso no intencionada
  • Índice de masa corporal bajo
  • Masa muscular reducida
+
Criterio etiológicoLo que lo causa
  • Menor ingesta o absorción de alimentos
  • Inflamación o enfermedad
Al menos uno de cada columna → diagnóstico de malnutrición
Esquema simplificado de los criterios GLIM.

Señales que merecen una consulta

Hay señales que pueden detectarse en casa y que merecen una consulta sin esperar a la siguiente revisión: haber perdido peso sin buscarlo, más de un 5 % en seis meses (unos 3,5 kg en alguien que pesaba 70), notar que la ropa, los anillos o la dentadura quedan holgados, comer menos que antes o saltarse comidas, sentirse más cansado o haber sufrido alguna caída. Hay una que suele pasar desapercibida y que conviene subrayar: si cuesta más levantarse de la silla o abrir un bote, la fuerza está avisando antes que la báscula, porque la pérdida de función muscular precede con frecuencia a la pérdida de peso.

El problema, además, no se reparte por igual: se estima que alrededor del 3 % de las personas mayores que viven en la comunidad presenta malnutrición, cifra que asciende al 22 % entre quienes están ingresados en el hospital y a casi el 29 % en los centros de larga estancia, de manera que cuanto mayor es la dependencia, más probable es que la nutrición se haya resentido.

Personas mayores con malnutrición según dónde viven o son atendidas
En la comunidad3,1 %
En el hospital22,0 %
En larga estancia28,7 %
Prevalencia de malnutrición medida con MNA; datos de 240 estudios y más de 110.000 personas.

La trampa del peso: obesidad sarcopénica

Si la delgadez engaña, el exceso de peso puede engañar todavía más. La obesidad sarcopénica es la coexistencia de un exceso de grasa con una masa y una función muscular reducidas, y afecta a una de cada diez personas mayores, cifra que alcanza el 23 % a partir de los 75 años. Se sospecha ante un índice de masa corporal o un perímetro de cintura elevados, pero sólo se confirma midiendo la fuerza y la composición corporal: dos personas pueden marcar exactamente lo mismo en la báscula y, sin embargo, tener una reserva muscular muy distinta, y con ella una capacidad muy diferente para afrontar una enfermedad, una cirugía o un simple catarro que las obligue a guardar cama.

Mismo peso en la báscula, distinta composición
A · Grasa: 30 %A · Músculo: 45 %A · Hueso, agua y órganos: 25 %AB · Grasa: 52 %B · Músculo: 23 %B · Hueso, agua y órganos: 25 %B
La persona B pesa lo mismo que la A, pero tiene mucho menos músculo: es más frágil.
GrasaMúsculoHueso, agua y órganos
Esquema ilustrativo, no a escala real.

Lo que un cuerpo mayor necesita

Con la edad el músculo responde peor al estímulo de la proteína, un fenómeno conocido como resistencia anabólica, y por eso las necesidades no disminuyen, sino que aumentan: las recomendaciones actuales sitúan la ingesta de proteína entre 1,0 y 1,2 g por kilo de peso y día en personas mayores sanas, y entre 1,2 y 1,5 g cuando existe una enfermedad aguda o crónica o una desnutrición ya establecida, con un aporte orientativo de energía de unas 30 kcal por kilo y día. Tan importante como la cantidad es su reparto: el músculo aprovecha mejor entre 25 y 30 g de proteína de calidad en cada comida principal que una gran ración concentrada en la cena, de modo que una persona sana de 70 kg necesitaría unos 70–85 g al día, distribuidos entre desayuno, comida y cena. La excepción es la enfermedad renal avanzada, en la que la cantidad de proteína se ajusta de forma individual.

Proteína y energía: las cifras
1,0–1,2 gde proteína por kilo y día en personas mayores sanas
1,2–1,5 gpor kilo y día si hay enfermedad aguda o crónica, o desnutrición
25–30 gde proteína de calidad en cada comida principal
≈ 30 kcalpor kilo y día como valor orientativo de energía
Ejemplo: persona sana de 70 kg → unos 70–85 g de proteína al día, repartidos así
25–30 gDesayuno
25–30 gComida
25–30 gCena
Con enfermedad renal avanzada la cantidad de proteína se ajusta de forma individual.

Un plato adaptado a cada objetivo

El plato de Harvard propone una imagen sencilla: la mitad de verduras y fruta, un cuarto de cereales integrales y un cuarto de proteína saludable, con aceite de oliva y agua. Esa misma imagen puede adaptarse a lo que necesita cada persona: si el objetivo es ganar peso, se ganan espacio la proteína y los cereales, con platos pequeños y enriquecidos (aceite, queso, frutos secos) repartidos en cinco o seis tomas al día y suplementos sólo cuando los pauta el equipo sanitario; si se trata de mantenerse, basta con asegurar proteína en las tres comidas, cereales integrales, legumbres y aceite de oliva como grasa principal; y si hay que perder grasa sin perder músculo, lo que cede terreno son los cereales, con un déficit moderado y nunca drástico, siempre acompañado de ejercicio de fuerza y bajo supervisión médica, porque adelgazar sin ejercicio a esta edad supone perder, junto a la grasa, músculo y hueso.

El plato de Harvard adaptado a cada objetivo
Verduras y frutaProteínaCereales y tubérculos
Proporciones orientativas del plato; la pauta concreta la individualiza tu equipo sanitario. El original de Harvard: ½ verduras y fruta, ¼ cereales integrales, ¼ proteína saludable, con aceite de oliva y agua.

Cinco hábitos que protegen el músculo

En el día a día hay cinco hábitos que protegen el músculo: incluir proteína en cada comida, ya sea huevo, legumbre, pescado, carne o lácteos; moverse todos los días y hacer ejercicio de fuerza varias veces por semana, porque el músculo necesita comida y trabajo; no adelgazar nunca sin ejercicio, ya que combinar dieta con fuerza y ejercicio aeróbico conserva mejor músculo, hueso y función; beber aunque no se tenga sed, dado que con la edad esa señal se apaga; y evitar las dietas restrictivas por cuenta propia, consultando cualquier pérdida de peso sin motivo aparente.

La báscula, al fin y al cabo, no dice cuánto músculo tenemos: estar delgado no es sinónimo de estar bien nutrido, y tener kilos de más tampoco lo es. El cribado es rápido y permite detectar el riesgo a tiempo; si te preocupa tu estado nutricional o el de un familiar, podemos valorarlo en la consulta de Geriatría del Hospital San Juan Grande o en tu propio domicilio.

Soy la Dra. Beatriz Contreras Escámez, geriatra en el Hospital San Juan Grande, Jerez de la Frontera. Si tienes dudas sobre tu salud o la de un familiar, puedes consultarme.

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