Las úlceras por presión (UPP), también llamadas "llagas" o "escaras", son lesiones de la piel y los tejidos subyacentes que aparecen como consecuencia de la presión mantenida en una zona concreta del cuerpo. Son complicaciones severas de la inmovilidad y se relacionan con otras de gran importancia, como el dolor, las infecciones y un mayor riesgo de muerte.
Predisponen a sufrirlas la edad avanzada, la malnutrición, la deshidratación, la movilidad reducida, el deterioro cognitivo o el delirium, la incontinencia, las alteraciones de la circulación, las alteraciones de la piel previas y ciertos fármacos. Suelen aparecer en las zonas donde el hueso está más próximo a la piel: talones, sacro, caderas, codos y omóplatos, entre otras.
Se clasifican en distintos grados según su gravedad, desde un enrojecimiento que no cede (grado 1) hasta lesiones profundas que afectan a músculo o hueso (grado 4).
El mejor tratamiento para las UPP es prevenirlas: inspeccionar la piel a diario, mantenerla hidratada y seca, favorecer la movilidad, cuidar la alimentación y la hidratación, realizar cambios posturales al menos cada 4 horas, proteger las zonas de presión y usar un colchón antiescaras en las personas con movilidad muy reducida.